Historia de vida
Por protección de su identidad, para esta historia llamaremos al personaje “María”. Algunos datos y circunstancias han sido omitidos o generalizados para preservar su privacidad.
Desde pequeña, María encontró en los colores una manera de habitar su propio mundo. Pintaba manos, dibujos y pequeñas figuras en las paredes. Entre trazos y juegos descubrió algo que entonces no sabía explicar: crear le permitía distraerse, sentirse tranquila y encontrar un espacio propio.
Hoy tiene 21 años y estudia psicología. Su decisión de seguir esta carrera está relacionada con una convicción que fue creciendo con ella: las personas necesitan sentirse escuchadas. Paradójicamente, mientras aprendía a escuchar a otros, durante mucho tiempo María también guardó experiencias que necesitaba contar.
Su infancia y adolescencia estuvieron atravesadas por una dinámica familiar compleja. Creció principalmente junto a sus abuelos mientras su madre estudiaba y buscaba construir un futuro para la familia. Su abuelo se convirtió en una figura fundamental en su vida, tan cercana que hasta hoy lo llama “papá”.
Con su padre biológico, en cambio, la historia fue diferente.
Durante años hubo distancia, conflictos y recuerdos difíciles. Siendo todavía pequeña, María quedó expuesta a situaciones familiares que no tenía edad para comprender. En uno de esos momentos llegó a escuchar que ella era responsable de la separación de sus padres. Y lo creyó.
Durante una etapa de su vida cargó con una culpa que nunca le correspondió. Los recuerdos de miedo y de los conflictos entre adultos permanecieron con ella mientras crecía. Con el paso de los años y gracias al diálogo con personas de confianza de su familia, comenzó a comprender que las decisiones de los adultos no podían recaer sobre aquella niña que había sido.
Entre esos recuerdos existe uno especialmente difícil. Cuando María era pequeña, su padre biológico intentó llevársela en medio del conflicto que mantenía con su madre. Aunque el intento no llegó a concretarse, la experiencia dejó en ella miedo y profundizó la distancia que ya existía en aquella relación.
Con los años ha logrado mirar ese episodio desde otra perspectiva. Entender que no era responsable de lo ocurrido fue también parte de empezar a reconciliarse con su propia historia.
Encontrar su propia voz
En medio de esas experiencias, María fue descubriendo otros caminos.
Su interés por la psicología tiene raíces igualmente profundas. María conserva el recuerdo de una compañera de escuela que atravesó una grave crisis emocional y puso en riesgo su propia vida. Era apenas una niña y probablemente no alcanzaba a comprender la dimensión de lo ocurrido, pero aquella experiencia permaneció en su memoria.
Con los años empezó a entender que una persona puede estar atravesando situaciones muy difíciles sin que quienes están a su alrededor alcancen a dimensionarlas. Quizás por eso escuchar se volvió tan importante para ella.
Durante aproximadamente cuatro años, María identificó emociones y situaciones que estaban afectando su bienestar. Sabía que necesitaba hablar con alguien. Sin embargo, reconocer esa necesidad no significó que pedir ayuda fuera sencillo.
La oportunidad llegó a través del proyecto Emprende Joven, mediante el proceso de acompañamiento psicosocial desarrollado con la Fundación Nuevos Horizontes, como parte del apoyo especializado dirigido a jóvenes en situación de vulnerabilidad, previo a su vinculación laboral o ingreso a procesos de preincubación e incubación de emprendimientos.
A través de terapias psicosociales, mentorías, asesoramiento, talleres y espacios grupales, las y los jóvenes encuentran herramientas para fortalecer su bienestar y sus capacidades personales antes de avanzar hacia nuevas oportunidades laborales o de emprendimiento.
Para María, ese acompañamiento significó encontrar un espacio profesional y seguro para hablar.
Las sesiones le permitieron expresar experiencias que durante mucho tiempo había llevado consigo. Poco a poco empezó a comprender mejor sus emociones, establecer límites frente a los problemas de otras personas y reconocer que escuchar y acompañar a los demás no significa asumir como propias todas sus cargas.
Hoy identifica cambios concretos en su vida. “Puedo fluir más, soy más sociable. Los problemas de otras personas ya no me afectan de la misma manera porque sé que pueden solucionarse, pero también entendí que yo no puedo solucionarlos todos”, cuenta.
Para alguien que eligió estudiar psicología precisamente porque quería escuchar a otras personas, el proceso también derribó una idea que había mantenido durante algún tiempo: pensar que quien se prepara para ayudar emocionalmente a otros no necesita recibir ayuda.
Ahora piensa diferente. “Yo creía que los psicólogos no necesitaban psicólogos, pero me di cuenta de que todos necesitamos hablar con una persona y ser escuchados”. Hablar también puede transformar.
Su propia experiencia le ha permitido comprender por qué muchas personas tardan en pedir ayuda. Puede existir miedo, vergüenza o simplemente la dificultad de encontrar a alguien con quien sentirse seguras para contar aquello que les ocurre.
Por eso, María considera fundamental dar ese primer paso. Para ella, asistir a una sesión es apenas el comienzo; permitirse hablar de aquello que realmente está ocurriendo abre la posibilidad de comprenderlo y empezar a trabajarlo.
Hoy continúa estudiando y construyendo su proyecto de vida. Su historia familiar no desapareció y algunos vínculos continúan siendo complejos, pero lo que ha cambiado es la manera en que María se relaciona con esa historia.
Ha aprendido a reconocer aquello que puede transformar y aquello que no depende de ella. Sobre todo, ha comenzado a desprenderse de responsabilidades y culpas que nunca le correspondieron.
El acompañamiento recibido en el proyecto Emprende Joven no pretende borrar su pasado. Le brinda herramientas para comprenderlo, fortalecer su bienestar y continuar avanzando con mayor seguridad hacia sus metas personales, académicas y profesionales.
La niña que alguna vez encontró refugio entre dibujos y colores; la adolescente que encontraba paz en sus libros; y la joven que decidió estudiar para escuchar y acompañar a otras personas forman parte de una misma historia.
Una historia que todavía se está escribiendo. Ahora María también está aprendiendo algo esencial: antes de acompañar a otros, ella también tiene derecho a ser acompañada; antes de escuchar a los demás, también necesita ser escuchada.
Y desde ese aprendizaje continúa construyendo su futuro con una certeza que antes no tenía: no tiene que resolverlo todo sola.







